El problema
Creo que he identificado el problema, esa piedra enorme que desde hace meses se me ha puesto delante, bloqueándome sin remedio. A ver si consigo explicarme sin sonar demasiado pedante.
No quiero que mis historias resulten bonitas. Quiero conseguir sacarle al lector una carcajada, un escalofrío, un vómito o incluso un improperio.
No quiero escribir más historias blandas, pasteurizadas, revisadas y envasadas al vacío. Lo que quiero es abrirme las venas y dar de beber al lector.
Al carajo la corrección política.
Me vuelvo al procesador de textos.