Setenta y dos horas con Mario
Mientras me documentaba para algo que me traigo entre manos, encuentro este sencillo párrafo referente al faro de Mouro, en Cantabria:
En el transcurso de un temporal en 1896 a uno de los dos fareros que residían en la isla le sobrevino la muerte de forma repentina, y su compañero no tuvo más alternativa que convivir varios días con su cadáver hasta que remitió la tormenta.
Un sencillo párrafo, sí, pero que en un parpadeo se convierte en el mayor plot bunny que me ha atacado jamás.
Si le añadimos las cinco fases del duelo (negación, ira, negociación, depresión y aceptación) y las fases de deterioro físico de ese cadáver, creo que tenemos una novela estructuradita y organizadita, lista para escribir. Lo malo es que ya estoy liado con varias cosas y esta idea va a tener que esperar. Ay.
Si a alguien le apetece adelantarse, que lo haga y me mande una copia del manuscrito (después de registrarlo, como mandan la higiene y las buenas formas).
2 comentarios
tú vives la escritura porque tus ojos ven la novela antes de que esté escrita!. Es genial. Yo también espero el manuscrito. Besitos
jimena
Qué más quisiera yo, Jimena. No veo la novela ni nada que se le parezca. Lo que digo es que, en este caso, ese germen pequeñito ya me chiva una posible estructura y un estilo de historia.
Joaquín Bernal