La ceremonia del té
Íbamos cuatro invitados, pues así lo manda la tradición. La hija de la familia Senmatsu, Asami, hizo de hanto. Nos llevó a través del jardín hasta el machiai, donde me escogieron a mí como invitado principal. Asami nos mostró por un instante el sayu, un cuenco, e inmediatamente nos llevó al koshikake machiai: un tronco para sentarnos. Sonrió, y nos dijo que esperásemos al koshikake. Ya eran las seis menos veinte. Mientras esperaba no sabía qué, suspiré acordándome de mi sencillo Surb Eaton en bolsitas, dentro de la humeante tetera, a las cinco en punto. Como debe ser.