Blog Archivo | Categorías: Citas Reflexiones Curiosidades Confesiones Miscelánea | Secciones: Relatos Fotografías Músicas Miccionario | Acerca Currículo Licencia Contacto | Joaquín Bernal

La formulación de un problema es más importante que su solución.

—Albert Einstein


Algún día

15 de noviembre de 2009 • Reflexiones

Últimamente estoy metido en una cruzada por eliminar, por el método más inmediato, esa plantilla de frase que todos usamos a menudo: «Algún día voy a…»

Siempre me he dicho que algún día aprenderia a tocar el piano. Los que me conocen bien me habrán oído decirlo en infinidad de ocasiones. Es el tipo de idea que está ahí, en el fondo, esperando que uno haga algo al respecto. Las respuestas siempre son vagas: estaría bien, en cuanto tenga tiempo, lo malo es que tardaré años, no tengo espacio para el piano, soy demasiado viejo para aprender, y así. Lo curioso del asunto es que nos guardamos esas auto-promesas porque eso nos permite mantener esa sensación de que no lo hacemos porque no podemos (la falta de tiempo suele ser la excusa estándar) y con eso mantenemos nuestra autoestima intacta.

Hace unas semanas sentí la obligación de concretar ese día. Me compré un Korg M3 (una workstation con teclado de piano: ochenta y ocho teclas contrapesadas), una docena de libros en Amazon y los diez DVD con las charlas del instituto Taubman sobre técnica pianística. La decisión firme de aprender a tocar el piano no la vendían en Amazon (cachis), de manera que he tenido que fabricármela yo mismo, con mi mecanismo.

Me he dejado un pastizal, es cierto, pero curiosamente no tengo esa ligera sensación de culpa que me queda a menudo, como un poso, después de una compra grande. Curioso. ¿Será porque hay una parte de mí que opina que ya era hora?

Así es que ahora mismo tengo el material, el impulso y las ganas para deshacerme de uno de esos «algún día». Lo más importante es que, con todo ello, han desaparecido tanto las excusas que utilizaba como la oportunidad de crear alguna nueva.

Se podría decir que es muy dificil, o casi imposible, aprender a tocar el piano por uno mismo sin la ayuda de un profesor. Estoy de acuerdo. Pero no tengo prisa. Desde el momento en el que ese «algún día» se ha convertido en «hoy», he conseguido ventaja en lo que se refiere al tiempo que me llevará completar la tarea. Antes, el camino arrancaba en un punto difuso del futuro, mientras que hoy ese punto de inicio ya queda atrás. Es más: el punto en el que pueda considerar la tarea como terminada no está definido. ¿Qué significa aprender a tocar el piano? ¿Tocar «Frère Jacques» a dos manos sin equivocarme? ¿Dominar el concierto n.º 3 de Rachmaninoff? Es un objetivo tan flexible que la satisfacción está en el propio camino, más que en el destino. El tópico es gratis. De nada.

¿Mi objetivo más inmediato? Aprender y practicar lo suficiente para poder tocar decentemente alguna pieza clásica. La que tengo impresa al lado del teclado es una muy sencillita, pero bastante resultona: la Sonatina Op. 36 N.º 1 de Clementi. Cuando llegue ahí, decidiré el siguiente paso.

Estos días estoy empezando con la práctica del método Taubman: por ahora, las rotaciones y los movimientos de entrada y salida, usando para ello la escala de do mayor. Y voy avanzando, despacito. Los dedos están empezando a encontrar la tecla justa en el momento justo. Todo está empezando a sonar bien, redondo, compacto, a tiempo. Y yo lo flipo, afirmo.

La gozada es cuando, después del rato de práctica, cambio el chip y pongo el Korg en modo sintetizador para guarrear un poco e improvisar. Hay veces que los dedos empiezan a tocar por su cuenta lo que tengo en la cabeza, o deciden meter el acorde exacto que rompe una progresión típica y que suena del carajo. Es una sensación difícil de describir.

Pero, sobre todo, lo que me importa es que eso de aprender a tocar el piano ya no será «algún día». Está siendo hoy.

El siguiente paso es encontrar otro «algún día» que cargarme. Debe ser que estoy en modo seek and destroy, oiga.