Novedades
Música: 25/11/2011 La clase de piano
Galería: 11/9/2011 Gran Canaria 2011
Música: 17/5/2011 Álbum «Corrigenda»
Galería: 13/5/2011 Ejercicios
Música: 1/5/2011 Delia
Música: 1/5/2011 Max
Relato: 1/5/2011 Cambalache
El tuit definitivo: "Ojalá un polvo nivel ay madre en la primera cita no que me enamoro". Gano yo. Podéis cerrar Twitter.
Dejarse ir
Mi tendencia a analizar minuciosamente suele ser positiva, porque me permite entender de dentro afuera lo que tengo delante. Pero cuando esa tendencia se vuelve excesiva se convierte, como es obvio, en un obstáculo para lo que tengo entre manos.
En inglés existe una expresión, control freak, que me encanta por cómo suena, por lo descriptiva que es y por las connotaciones que arrastra. Como ocurre siempre cuando uno se auto-examina, yo no me considero un control freak. Pero del mismo modo que hay gente que afirma «yo no soy racista, pero no me gustaría que mi hija se casase con bla, bla», soy consciente de que algo de control sí que me gusta mantener, y que algo de freak tengo. No lo voy a negar.
Por ejemplo, cuando escribo intento tener bajo control lo que estoy contando y cómo lo estoy contando. El resultado de escribir así suele ser falso, plastiquero, forzado, y no me gusta. Por el contrario, hay relatos que por algún motivo escribí con cierto abandono y que son precisamente los que aún hoy me siguen gustando. Los escribí con la sensación de estar apiñado en medio de una multitud que empieza a andar lentamente y acaba por echar a correr.
Nueva web
Tras unas cuantas tardes de diseño y programación, al fin he terminado la reestructuración y el rediseño de esta web personal. Y cómo echaba de menos programar un poco, oiga.
Nunca llegué a sentirme cómodo con el anterior diseño. Siempre tuve la sensación de que era como entrar en una casa sin muebles: incluso se podía escuchar la reverberación de la voz en el cielo raso. Además, la brillante idea de separar el contenido en diferentes blogs, cada uno en un dominio diferente, no fue nada acertada. En lugar de sentirme culpable por no actualizar un blog, me sentía culpable por no actualizar seis. Al final, por no saber en cuál escribir primero, no lo hacía en ninguno. Una situación estupenda, ya ves.
En este nuevo diseño, el foco está puesto sobre el contenido. Al menos, esa ha sido mi intención mientras lo preparaba. Como acostumbro a hacer estos últimos años, el sistema de gestión de esos contenidos es una combinación de Dropbox y PHP. Para crear una nueva anotación, añado un nuevo fichero de texto en una determinada carpeta de mi disco duro y aparece publicado de forma automática.
Las galerías de fotos enlazan directamente con los visores de Flickr, ya que es ahí donde se alojan realmente las fotografías. Como verás, no he escrito ni una línea de código de más.
Como podrás comprobar, no hay formulario de comentarios en ninguna sección. Si sientes el impulso irrefrenable de contarme algo al hilo de algún texto que hayas leído aquí, mándame un correo electrónico y asunto resuelto.
Las cosas de la vida
No me gusta viajar en coche. Me descoloca, me desubica, me descabala esa parte perruna y autista que todos tenemos, la misma que sufre un poquito cuando nos cambian de sitio el sofá del salón o cuando las tazas del desayuno ya no se guardan en el estante de la derecha. Aún así hay algo que me gusta de esos viajes: durante ellos se me dispara la neurona, sobre todo si la compañía no es de conversación compulsiva.
Hace unos años iba camino de Zaragoza para conocer a Miguel, un chavalín de quince días con hoyuelos en las mejillas y manos de pianista. Los viajes en coche tienen algo hipnótico y supongo que fue ese estado de trance ligero lo que me hizo pensar en la vida, la muerte, el universo y todo lo demás. Juro que, aparte de Fortuna, no había fumado nada.
Contemplaba el paisaje soriano, impresionante, cuando me llegó sin más un pensamiento imbécil: «qué bonita es la vida, coño». Seguro que no fue más que una reacción estética barata, pero mi parte canalla se rebeló de inmediato y contraatacó con un argumento correoso: «¿bonita con respecto a qué?» Se me escapó la sonrisilla, claro.
Mi parte lanar me pedía contemplar maravillado el valle que tenía delante, sin más, y dejarme de disquisiciones sobre el yin, el yang, lo estético, lo sublime, la experiencia artística y demás zarandajas. Pero, como digo, el contraataque era correoso.